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Exjefe de Policía Local dice que los "desencuentros" con la agente de la Oprovic venían de "tiempo atrás"

Comentarios023 oct 2018 16:04 - CEST
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El que fuera coronel jefe de la Policía Local de Santander Luis Hernández Castillo ha asegurado que los "desencuentros" de la agente de la Oficina de Protección a la Víctima de Violencia de Género con su sargento no "nacen" de la llegada de este último al cargo, sino que venían de "tiempo atrás" y se produjeron también con "otros mandos" de la unidad.

Así lo ha asegurado este martes en el juicio contra el encargado de la OPROVIC por acoso laboral a su efectiva, entre quienes existía un "conflicto interpersonal", en palabras del entonces máximo responsable policial, que ha reflexionado a propósito de este asunto que si bien una persona no tiene una "relación buena" con otra, los miembros del Cuerpo son "profesionales" y les pagan -ha dicho- para atender a la gente y relacionarse con sus subordinados "profesionalmente".

Hernández Castillo ha hecho estas consideraciones a preguntas de las partes durante la sesión, celebrada en la Audiencia Provincial de Cantabria y que tras las declaraciones del procesado y la querellante, ayer, ha continuado hoy con las de algunos testigos, que han coincidido en que conocían el "mal ambiente" en la oficina.

Entre otros, estaba citado el coronel, a quien "todos" los partes que abrió el sargento a la policía en 2014 y 2015 -una decena en total, por diversos motivos como justificación de asistencia a médicos o comunicación de salidas de la dependencia, a descansos o por motivos de trabajo- le "parecían razonables". Ha remachado que la "obligación" de un mando es dar cuenta de las cosas que dentro de su unidad no se realizan conforme a la norma.

"ELLA TENSIONABA EL TRABAJO DIARIO"

También ha comparecido ante la Sección Primera de la AP el cabo que se incorporó a la oficina meses después de iniciarse los problemas, debido a que la plaza estaba vacante y él había solicitado el traslado. No obstante, su llegada "venía bien" dada la situación, al ser un cargo intermedio entre el sargento y la policía.

Este efectivo también sabía del "problema personal" de los dos, pero ha acusado a la agente (con la que al principio tuvo una relación "normal") de "generar tensiones" hasta el punto -ha asegurado- de que pidió un cambio y se fue de la OPROVIC.

"Tensionaba el trabajo diario", ha sentenciado el cabo, que ha negado que recibiera instrucciones para tratarla de forma discriminatoria ni ha presenciado vejaciones, sino que tan solo observó un día que sufrió un cuadro de ansiedad.

Según ha indicado, la mujer no hacía "caso" a lo que él le decía, es decir, a las órdenes que le daba, como que avisara al sargento -y no a él- de sus salidas, por motivos médicos o incluso para tomar un café. "Quien está al mando, tiene que saber dónde está su gente", ha defendido al respecto.

"Un jefe de grupo tiene que saber si cuenta o no con una persona para organizarse", ha manifestado por su parte sobre este asunto el coronel jefe, que ha apostillado al respecto, y propósito de un día que la mujer llegó tarde a su puesto, que no le parece "correcto" que no diera explicaciones.

Además, el cabo ha aludido a otras cuestiones, como las "ciento y pico grabaciones" que ella realizó de conversaciones con él, o las comunicaciones que realizaba -a él y al sargento- a través de correos electrónicos, que no es una vía "directa e inmediata".

En relación con los medios materiales de la oficina, este testigo ha admitido que en las dependencias había dos ordenadores para tres trabajadores -un cabo y dos agentes-, pero ha negado que para su uso prevaleciera un efectivo sobre otro, sino que "la preferencia la marcaba el trabajo, no el mando".

Así, ha aseverado que él ha tenido que esperar a que ella "acabara su trabajo" para usar uno. "El Ayuntamiento no tiene tantos ordenadores como funcionarios", ha lamentado el Hernández Castillo sobre este extremo.

De las llaves de los vehículos para los miembros de la Oprovic, que se pasaron a guardar en el despacho del sargento, el cabo ha señalado que si la agente no entraba al mismo y no las cogía era "porque no quería". "Es problema suyo", ha zanjado.

También se ha referido a la elección de las vacaciones, asunto que provocó "fricción" entre la policía local y su compañero, ya que en una ocasión ella eligió todos los días a principios de año y, al siguiente, él hizo lo mismo.

EJEMPLOS DEL MAL AMBIENTE

Algunos funcionarios policiales que trabajaban en dependencias anexas a la Oprovic han relatado algunos episodios relacionados con el conflicto entre el sargento y la agente, como un día que él salió de su despacho de manera "airada" detrás de ella para recriminarle en tono "muy fuerte" de voz que no le enviara más emails, y que obligó al testigo que lo presenció a "apartarse".

Este episodio fue contemplado también por otro agente, que oyó "gritos" y vio cómo el sargento "salía detrás" de la policía diciéndole en un tono "elevado" que no le enviara "nada por escrito" (correo electrónico), sino que se lo comunicara todo "de palabra".

Asimismo, este testigo ha indicado que "siempre era ella la que estaba sin ordenador" y que "nunca" ha visto dentro del Cuerpo un efectivo tenga que llamar por teléfono a sus jefes -al cabo o sargento en este caso- para avisar que sale a tomar el café. "Yo a mi superior no le digo nada, salvo que me le encuentre por el pasillo", ha comparado.

Otro efectivo de base ha señalado que las relaciones entre ambos comenzaron a "erosionarse" desde la desaparición del teléfono móvil de la mujer, motivo por el que su jefe solicitó las grabaciones de la cámara de seguridad y las visionó sin apreciar que nadie entrara en las dependencias, mientras ella interpuso denuncia por robo ante la propia Policía Local.

DETALLES DE MALA EDUCACIÓN

Este agente ha negado presenciar "incidentes" entre ambos, pero sí vio algún "detalle de mala educación" del mando hacia su subordinada, cuando el primero se incorporó de una baja y saludó dando la mano a todos los efectivos presentes menos a ella, aunque para entonces ya mantenían "relaciones tensas".

El hombre ha apuntado además que era la única que tenía que avisar a su jefe de que salía a tomar el café, lo cual se convirtió en motivo de "chanza" de los compañeros hacia ella, que también era la que tenía que "mendigar" que le dejaran un ordenador para trabajar.

Por lo demás, este testigo ha afirmado que "nunca" se ha abierto expediente disciplinario a nadie por motivos como llegar tarde al trabajo o ir al médico.

EL SARGENTO ESTABA HARTO DE LA POLICÍA: ERA UN CÁNCER PARA LA OFICINA

De su lado, un agente y delegado sindical, tras conocer la situación que le trasladó la mujer y los "econtronazos" con el sargento, fue a hablar con él. Según ha relatado, le confesó que estaba "harto" de ella, que era "como un cáncer dentro de la unidad" y que iba a hacer "todo lo posible" para que se fuera.

A juicio de este testigo, que la recomendó dejar constancia de todo por escrito, el "problema máximo" era que él quería que se hiciese lo que decía, y las normas e informes se "la traen al pairo".

Así, ha indicado que era la única que tenía la "obligación" de comunicar su salida al café, algo que luego se extendió al resto de efectivos de la oficina para "disimular" que a ella se le daba un trato "diferente". Y en base a esto mismo, no se ha abierto expediente a "nadie" por llegar tarde por dormirse o por ausentarse del trabajo para ir al médico.

Finalmente, una técnico del Ayuntamiento de Santander y una delegada municipal en prevención de riesgos laborales han señalado que conocieron el conflicto en verano de 2014, cuando se inició el correspondiente protocolo -que es estatal- con las pertinentes medidas correctoras. También han asegurado que la situación se trasladó a los concejales de área -los responsables de Personal y Policía, la pasada y presente legislatura- e incluso a Alcaldía.

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